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Templo del Divo Rómulo

El area arqueológica del Foro Romano en la capital italiana conserva hoy día joyas que son desconocidas para gran parte del público, bien por su poca difusión, bien por haber sido aprovechadas sus estructuras para la construcción de edificios posteriores. Buen ejemplo de ello es un pequeño templo levantado en el siglo IV en el área denominada Via Sacra Summa, el templo del Divo Rómulo. Este pequeño edificio se construyó en un espacio que quedaba entre el templo de Antonino y Faustina (hoy día San Lorenzo en Miranda), la Basílica Nova (también conocida como de Majencio o de Constantino) y el Foro de la Paz.

Vista del Templo de Rómulo desde el Palatino. Al fondo se puede observar la Basílica de San Cosme y San Damián.

Se trata de una muestra más de la originalidad con la que los ingenieros romanos resolvieron la planta centrada que habían tomado de los templos monópteros (templos circulares) de Grecia. Cercano a este templo estaba el famoso tholos de Vesta, otra cosntucción de planta circular; aunque bien es cierto que no debe tanto a éste como al Pantheon. La cúpula, de unos 15m. (50 pies romanos) de diámetro, que cubre la cella principal apea sobre un muro circular y continuo de hormigón y ladrillo que recuerda al Pantheon, aunque no posee la complejidad estructural del edificio adrianeo.  Dos salas alargadas y absidadas flanqueaban a la cella principal, con la que se comunicaban a través de sendos vanos abovedados, y que abrían directamente a la Vía Sacra con puertas dispuestas a eje con sus respectivos ábsides. Son precisamente estas dos alas longitudinales las que dan más originalidad al edificio y las que condicionan la fachada principal del mismo. Esta última, lejos de ser un pórtico alla griega, presentaba dos grandes pedimenta (frontones) sobre los dos cuerpos laterales que se adelantan, unidos gracias a una fachada cóncava horadada por hornacinas que en su día se decoraron con esculturas y en la que se abre la portada principal del templo.

Propuesta de reconstrucción infográfica del Templo del Divo Rómulo según Juan Alberto Aguilar

Esta portada es de lo poco original que se conserva y es bastante interesante desde el punto de vista de la información que nos ofrece. Este acceso principal está flanqueado por dos columnas corintias de pórfido rojo (tambien originales) que soportan un entablamento jónico de travertino, el mismo material utilizado para plintos, basas y capiteles. Los batientes de bronce estuvieron dorados en su época y decorados con clavos, dorados también, cuyos únicos vestigios son los agujeros en los que un día se anclaban. Curiosamente éstos batientes han sobrevivido a todos los saqueos que ha sufrido la Ciudad Eterna prácticamente desde finales del siglo IV.
Detalle de la puerta broncínea que da acceso al edificio. El desnivel que presenta hoy con respcto a la calzada se debe a una errónea restauración de 1947 que eliminó un pavimento de época neroniana al confundirlo con uno de época medieval, dejando al descubierto la actual vía de época augustea. Esto explica por qué los edificios postneronianos muestran actualmente parte de los cimientos al descubierto.
Salvo la estructura que soporta el cuerpo de la cúpula, la totalidad de la obra se realizó en opus latericium, esto es, ladrillo romano, lo que ha condicionado en buena medida el estado en el que ha llegado hasta nosotros. Sin embargo, el hecho de que en el siglo VI fuera incluido en la iglesia de San Cosme y San Damián, a la que ha servido como vestíbulo, ha permitido la conservación de la cella en un buen estado, de hecho se han restaurado parte de la decoración parietal que cubría interiormente el paramento.


La problemática de su identificación

Aunque tradicionalmente se ha identificado con el Templo del Divo Valerio Rómulo, en los últimos años algunos historiadores han puesto este hecho en cuestión atribuyendoles otras advocaciones.
En torno al año 309 moría Valerio Rómulo, quien fue cónsul de Roma e hijo del emperador Marco Aurelio Valerio Majencio, más conocido como Majencio (o Maxentius). A la muerte de su hijo, el emperador decretó su divinización y se le consagró un templo circular del que nos ha quedado constancia a través de la numismática. El parecido de estas imágenes con el edificio en cuestión hizo que se asociara a dicha advocación. A pesar de todo ello se han alzado algunas voces que identifican las imágnes de dichas monedas con el mausoleo que Majencio levantó en la Vía Apia para dar sepultura a su hijo.
Nummus con la efigie de Valerio Rómulo y un edificio circular cupulado en el reverso.
Restos del mausoleo de Valerio Rómulo y el Circo de Majencio en la Vía Apia. A la muerte de su hijo, Majencio no sólo le dedicó un mausoleo, sino que construyó en su honor un gran circo a las afueras de la ciudad, al que también dio su nombre. El circo en el mundo romano está muy relacionado con la muerte y el inframundo, de ahí el motivo de vincular al mausoleo este edificio de espectáculos.


De todas maneras, tras la derrota de Majencio por Constantino en el Puente Milvio (312), el nuevo emperador de Occidente rededicó el templo a sí mismo por decreto del senado, tal y como se podía leer en una inscripción que se conservó hasta el siglo XVI en el friso del edificio.

El arqueólogo italiano Filippo Coarelli  planteó en los años ochenta del siglo pasado que en realidad este edificio estaba dedicado a Júpite Stator. Según Coarelli el templo de Júpiter Stator no pudo estar en el lugar que hoy se le atribuye (junto al arco de Tito, a los pies del Palatino y frente al templo de Venus y Roma), pues según las fuentes se encontraba ya a principios del siglo III a.C. en la parte superior de la Via Sacra, junto a la Puerta Mugonia (donde lo consagró Rómulo en el siglo VIII a.C.). Antes de la construcción de la Basílica de Majencio el templo se encontraría pues en el límite superior de la Vía Sacra. Además de esto alude a las listas de templos de escritores antiguos y los límites de las regiones administrativas de la ciudad.

Otra interpretación plantea que únicamente se trata del acceso al Templo de los Penates Publici (Penates Dei Aedes). Este edificio, que se levantó a los pies del Velio, en el lugar que ocupó la casa de Tulio Hostilio, cerca del foro romano, es mencionado por primera vez en a mediados del siglo III a.C., datándose su fundación poco antes de la Primera Guerra Púnica (264-241 a.C.). En el año 167 a.C. fue pasto de las llamas, restaurándose un siglo y medio después, en época de Augusto, de hecho parece ser que el templo de los Penates se representa en el Ara Pacis Augusti. Allí se conservaban sendas esculturas arcaicas de los Dióscuros como Penates Dei (dioses protectores del Estado).

A pesar de que algunos historiadores piensen que fue destruido en época de Vespasiano cuando construyó el Templo de la Paz, parece ser que éste sobrevivió adosado al témenos del mismo templo. Aquí, en un muro de ladrillo, se colocó a principios del siglo III la Forma Urbis Marmorea, una representación a escala del plano de Roma con un detalle impresionante. Se piensa asimismo que la estructura sobre la que se levanta la Basílica de San Cosme y San Damián es la que perteneció al templo de los Penates.


La influencia del Templo del Divo Rómulo en la arquitectura posterior


La originalidad de este edificio radica, lo hemos dicho, en la disposicion de su fachada que va a tener una trascendencia mayor de la que se imagina. No será hasta el siglo XVII en que uno de los grandes maestro del Barroco, Lorenzo Borromini, preste atención a esta llamativa composición arquitectónica. Precisamente durante el pontificado de Urbano VIII, en 1632, Orazio Torriani y Luigi Arriguicci acometieron las obras de restauración de la basílica de los Santos Cosme y Damián, lo que hizo que Borromini fijara su atención en la estrucura romana preexistente. La concavidad de esta fachada será un repetido recurso no sólo ya en al arquitectura borrominesca (como lo demuestran las fachadas del Oratorio de San Felipe Neri, San Carlino alle Quattro Fontane, Sant Ivo alla Sapienza, o el Colegio de la Propaganda Fide, entre otros), sino que su propio rival, Gian Lorenzo Bernini recurrirá a soluciones semejantes (fachada de Sant'Andrea al Quirinale) y por ende la exportación de esta solución arquitectónica al resto del Barroco europeo gracias a los discípulos de este último.
Fachada de la Iglesia de Sant Ivo alla Sapienza, obra de Francesco Borromini (1642-1660)
Planta de la iglesia de Sant'Andrea al Quirinale, de Gian Lorenzo Bernini (1658-1670). Se puede observar la influencia del Templo de Rómulo en su planta, donde el cuerpo principal lo ocupa una gran cúpula elíptica. al que se contrapone la concavidad de la fachada al exterior.

De todo ello se deduce que la creatividad de los arquitectos barrocos de contraponer curvas y contracurvas fue fruto de un somero estudio y su posterior reflexión de la construcción romana, continuando la tarea comenzada dos siglos antes por los arquitectos renacentistas.

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